Zimbabwe comenzaba el jueves otro día de incertidumbre, en un ambiente de tensa calma entre su población, mientras proseguían las discretas negociaciones para resolver la crisis política del país y llevar a su fin la presidencia de Robert Mugabe tras varias décadas en el poder, en términos pacíficos.

Un día después de que el ejército tomara el control del país y confinara a Mugabe, de 93 años, a los límites de su residencia, varias voces instaron al mandatario encerrado a renunciar y pidieron que el país hiciera una transición para celebrar elecciones justas y libres.

Mugabe está bajo vigilancia militar, según varios medios con su esposa, y no se ha visto al recién despedido vicepresidente Emmerson Mnangagwa, que huyó del país la semana pasada; una dimisión que gatilló el estado actual de las cosas.

El Ejército no se pronunció en principio sobre cómo serán los próximos pasos, luego de haber movilizado este martes sus tropas en Harare. Las fuerzas armadas, alegaron la necesidad de imponer “medidas correctivas” contra el gobierno de Mugabe al que acusa de llevar adelante una “purga” de viejos miembros del partido, que lucharon por la independencia, con miras a reemplazarlos por una nueva guardia de funcionarios más jóvenes, liderado por la propia esposa del mandatario, Grace Mugabe, de 52 años. En concreto, el fondo del conflicto es pelea por la sucesión del anciano Mugabe.